A modo de comentario del post hecho por David Ruiz sobre el IPOM, debo señalar que siempre he tenido más inclinación por el lado micro que el macro. Por lo mismo, me inscribo fervientemente en la opinión de Hernan Büchi aparecida hoy en el Diario Financiero (¿cuándo van a entender los diarios de Chile que es imprescindible que sus artículos puedan ser vinculados para que desplieguen toda su influencia?). En dos líneas: si seguimos incrementando las regulaciones y, sobre todo, estigmatizando a los empresarios, es difícil que el país avance más rápido.
La última muestra, (puedo estar hilando un poco fino), viene de una campaña de Comercio con Justicia que están desplegando en la radio con el apoyo de Oxfam Internacional cuyo lema es “la pobreza no cae del cielo”. Me pregunto qué significa eso: si contiene un tono irónico parece indicar: “la pobreza no cae del cielo, la crean otros”, mientras que si no es irónica no parece muy aguda: la pobreza no cae del cielo, es la condición en que ha nacido, vivido y muerto el 90% de la humanidad a lo largo de toda la historia.
No tengo nada contra las campañas que promuevan el apoyo y la ayuda a quienes más lo necesitan, ni mucho menos en que se quiera mejorar las condiciones laborales de los trabajadores en Chile, pero me preocupa la sensación que dejan los mensajes en un tono que me parece bastante errático: al denunciar la falta de previsión de las temporeras parecen criticar a los empresarios, pero el problema es que ellas no tengan trabajo el resto del tiempo, no que sí lo tengan en verano!!. Me gustaría una que recuerde que “la riqueza no cae del cielo”, que los empresarios son necesarios, para superar el estado actual de las cosas. ¿Cómo se puede promover el desarrollo si aquellos llamados a liderarlo son siempre estigmatizados como explotadores o ladrones? Uno de los grandes avances de la humanidad desde la Edad Media,es la aparición del empresario (el emprendedor), en contraposición a la dicotomía señor-siervo que no es más que un derivado de la ley del más fuerte. Con su aparición ya no es más rico quien es capaz de saquear porque es más fuerte, sino quien es capaz de descubrir mejores medios para hacer las cosas, y ponerlos al servicio de sus congéneres que libremente decidirán si el aporte vale la pena o no (o si el trabajo que les ofrece es mejor que lo que tienen o no). Qué gran distancia ética entre eso y quien toma las cosas por la fuerza, sea en forma directa o a nombre de un supuesto Bien Común. (Dios y Bien Común, cuántos crímenes se han cometido en el nombre de ambos)
Si queremos avanzar necesitamos más empresarios, dispuestos a asumir riesgos, a crear bienestar y riqueza, pero si la sociedad se acostumbra a considerar como más noble la “repartición de riqueza” que la creación de la misma, y castigar a quienes crean más, estigmatizándolos y quitándoles el fruto de su creatividad, no me extraña que no resulte un modelo atractivo para los jóvenes, y por lo tanto que no avancemos más.
Seguir enfocándose en la distribución del ingreso como gran meta es como pretender armar un equipo de fútbol con puros arqueros. Para defender ("repartirnos") el resultado hay que haber metido goles primero, pero en la actualidad sólo tenemos una goleada en contra, que estamos remontando lentamente… (vean esta presentación, notable) no porque hay unos pocos que ganan mucho, sino porque todavía hay muchos que producen muy poco.
martes, septiembre 26, 2006
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