martes, mayo 29, 2007

Words (don't come easy)

En el comentario de un post anterior José R. plantea que una de las dificultades de usar el lenguaje es su "inconmensurable limitación" (bonito oxímoron). Entiendo el punto que plantea, y me parece interesante la reflexión sobre esa limitación. La esencia del lenguaje, en occidente al menos, apunta a lo que Platón determinara como "la idea" detrás del concepto descrito. Así cuando digo "árbol", no espero que nadie me pregunte cuál árbol sino que cada uno tenga su propia experiencia de árbol. Desde esa perspectiva el lenguaje no sería tan limitante. El punto es que si no se limita entonces también puede ser bastante inútil y por lo mismo, en la interacción cotidiana lo que hacemos de alguna manera es acotar el concepto para llegar a una "idea" que resulte común para que todos entendamos el objeto apuntado cuando menciono la palabra árbol. Esa poda que se da al concepto original es lo que hace que nos entendamos, que las categorías tengan precisión y por lo mismo que algunas cosas queden fuera de categoría por ser más complejas que los conceptos descritos por las palabras (y ese es el punto de mi comentarista).

Pero esa maleabilidad de las palabras es la que las hace peligrosas en manos de quienes quieren aprovecharla para engañar. El ejemplo que nos dan nuestras autoridades de salud es hoy patético: cuando el hospital no es el "lugar donde se hospitaliza" a la gente, sino esa "institución que produce egresos hospitalarios" (yo no sabía que los enfermos egresaban, sino que eran dados de alta) me parece que se está abusando de la maleabilidad de los conceptos. Lo mismo cuando me dicen que un determinado medicamento no es abortivo porque "si no hubo anidación, no se puede hablar de aborto" (otros entendemos que habiendo fecundación, ya lo hay... de hecho estoy seguro de que la anidación será técnicamente superada en corto plazo y podremos tener desarrollos de personas en probeta e incubadora que nunca anidaron... pero no por eso no van a existir). Otro ejemplo: el intento por aumentar la pena a quienes conducen bajo influencia del alcohol no pasa por cambiar el lenguaje y llamarle ebrio a quien no lo está (todos sabemos la diferencia entre una persona ebria y la que sólo ha bebido un par de cervezas).... suban la pena, pero no destruyan el lenguaje porque si no, no nos entendemos. También se hizo con el matrimonio: antes se distinguía porque era para toda la vida... ahora no se distingue mucho de un contrato laboral...

O nos ponemos de acuerdo en qué significan las cosas o el idioma deja de ser la poderosa herramienta de entendimiento... y para los que no saben lo que pasa cuando eso ocurre, se llama Torre de Babel y es la desintegración de una sociedad.





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lunes, mayo 28, 2007

Ni izquierdas ni derechas, sino todo lo contrario...

Virginia Postrel acaba de publicar un libro que pretende recalificar las opciones socio políticas para superar las categorías de izquierda y de derecha (ver artículo). Aunque su calificación es bastante interesante (y de hecho uno puede hacer el ejercicio de tratar de calificar a varios personajes públicos), me inclino más por una categorización de otro tipo:

1) Las personas que sólo quieren seguridad, y van a aceptar la conducción de quien se las dé, 2) los que quieren modelar la sociedad y conducirla hacia una determinada visión de futuro (y aquí caben gente de derecha e izquierda) y 3) los que no quieren ni ser conducidos ni modelarle la vida a los demás, aceptando que el precio de eso es la inseguridad. Creo que al final la evolución de los gobiernos y las "alternancias en el poder" tienen que ver con la presencia de estos tres grupos.

¿En cuál se inscribe usted?

Gracias al Café Libertario por el dato





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miércoles, mayo 09, 2007

Renuncia de Tomic

He mandado una carta al Mercurio sobre este tema (no sé si se publique):

Le tengo estima a Cortázar, y no sé mucho de Blas Tomic. Pero para

"préstamos", están los bancos. La tesis del aumento de capital para

recuperar lo que se deje de percibir del Transantiago (cuyos

operadores son privados y no parte de un holding estatal) simplemente

es malversación. Para entender la estatura y valentía del señor Tomic,

sólo hay que imaginarse lo que puede haber sido la presión sobre él,

con comentarios que deben haber ido desde las acusaciones de

deslealtad a las de falta de preocupacion por los pobres. Don Blas,

mis respetos. Como profesor universitario le agradezco la posibilidad

de usar su ejemplo para hablar de integridad.

Lo relevante es tomar conciencia de que justamente la enseñanza de ética en nuestra Universidad debe apuntar a la integridad en las zonas grises. No creo que sea necesario "enseñarles" que no se debe robar, sino qué hacer en los casos con dobles lecturas. Es ahí, en contraposición a una mayoría, y bajo la presión de los poderes del Estado (que hay que ver lo que son!) donde se vé quiénes actúan en base a principios personales y quiénes simplemente dan respuesta a lo que otros les piden.

Tengo la convicción de que en este caso particular Blas Tomic tiene razón: las urgencias del Transantiago, que es un plan de Estado que cuenta con contratos con clientes particulares, no pueden ser pretexto para que el Metro se utilice como fuente de financiamiento de otras empresas, máxime cuando son empresas que ni siquiera están vinculadas!!!. Pero más allá de esa apreciación, lo que quiero destacar es que en este tipo de escenarios es cuando viene la tentación de renunciar a los principios propios: "bueno, si todos los demás dicen que está bien, lo haremos". Si uno en conciencia cree que la acción a realizar es incorrecta, no puede delegar la responsabilidad en terceros. Hay actos que uno debe transar, los que tienen que ver con elementos administrativos, estrategias, etc. En ellos, si uno es parte de una decisión colegiada y pierde, asume y se implementa la estrategia definida por la mayoría. Pero cuando esa estrategia se basa en un elemento que no sólo considero equivocado sino además antiético o ilegal, entonces no puedo suscribir con mi silencio la decisión de la mayoría.







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Sobre la selección en los colegios

Conversación real sostenida por el autor con una alumna de 4º Medio de un colegio subvencionado:

- Y ¿cómo te va?

- Bien, tengo como un 6.0 de promedio. Si lo penca es que somos como 4 compañeros los que tenemos nota sobre 6 y nos interesa estudiar más. Pero es difícil, porque como a la mayoría no le interesa aprender pasan toda la clase echando la talla y no avanzamos nada.



El colegio tiene política de "no selección". Toma a todos los del barrio.



Mi punto es que el tema de la selección tiene dos aristas que se deben observar:



1) Es cierto que la selección puede terminar en colegios que sean para mejores alumnos y colegios que sean para peores alumnos, pero eso mismo permite enfocar mejor los recursos. A aquellos que desean estudiar más se les puede entregar más sin que los retrasen los otros, y a los que no se les puede pasar menos materia pero con más cuidado. ¿De qué sirve tener tantos egresados de un Currículum Común Mínimo si resulta que el 80% no entiende lo que lee?



2) La no selección impide favorecer otros elementos de diversidad social al pretender que una sola instancia (la escuela) resuelva todos los problemas de integración cultural y económica. Por ejemplo, si una escuela con un proyecto educativo en base a la religión musulmana no puede seleccionar para privilegiar que sean las familias musulmanas las que entren su proyecto educativo, su esfuerzo se perderá.





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