miércoles, mayo 09, 2007

Renuncia de Tomic

He mandado una carta al Mercurio sobre este tema (no sé si se publique):

Le tengo estima a Cortázar, y no sé mucho de Blas Tomic. Pero para

"préstamos", están los bancos. La tesis del aumento de capital para

recuperar lo que se deje de percibir del Transantiago (cuyos

operadores son privados y no parte de un holding estatal) simplemente

es malversación. Para entender la estatura y valentía del señor Tomic,

sólo hay que imaginarse lo que puede haber sido la presión sobre él,

con comentarios que deben haber ido desde las acusaciones de

deslealtad a las de falta de preocupacion por los pobres. Don Blas,

mis respetos. Como profesor universitario le agradezco la posibilidad

de usar su ejemplo para hablar de integridad.

Lo relevante es tomar conciencia de que justamente la enseñanza de ética en nuestra Universidad debe apuntar a la integridad en las zonas grises. No creo que sea necesario "enseñarles" que no se debe robar, sino qué hacer en los casos con dobles lecturas. Es ahí, en contraposición a una mayoría, y bajo la presión de los poderes del Estado (que hay que ver lo que son!) donde se vé quiénes actúan en base a principios personales y quiénes simplemente dan respuesta a lo que otros les piden.

Tengo la convicción de que en este caso particular Blas Tomic tiene razón: las urgencias del Transantiago, que es un plan de Estado que cuenta con contratos con clientes particulares, no pueden ser pretexto para que el Metro se utilice como fuente de financiamiento de otras empresas, máxime cuando son empresas que ni siquiera están vinculadas!!!. Pero más allá de esa apreciación, lo que quiero destacar es que en este tipo de escenarios es cuando viene la tentación de renunciar a los principios propios: "bueno, si todos los demás dicen que está bien, lo haremos". Si uno en conciencia cree que la acción a realizar es incorrecta, no puede delegar la responsabilidad en terceros. Hay actos que uno debe transar, los que tienen que ver con elementos administrativos, estrategias, etc. En ellos, si uno es parte de una decisión colegiada y pierde, asume y se implementa la estrategia definida por la mayoría. Pero cuando esa estrategia se basa en un elemento que no sólo considero equivocado sino además antiético o ilegal, entonces no puedo suscribir con mi silencio la decisión de la mayoría.







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