Linda canción de la mejor banda de la historia.
La traigo a colación a raíz de un interesante post de Don Boudreaux sobre la comparación entre el nivel de ingreso (la mediana, no el promedio) en 1967 y el de hoy. En dos líneas Don se pregunta si sería mejor estar en 1967 con la mediana de ingreso de hoy, que es mayor en dólares constantes, u hoy con la mediana de ingreso de 1967. Se responde que si uno observa todos los avances tecnológicos, en salud, en seguridad (eso último lo tengo menos claro), etc. el preferiría mil veces vivir hoy con un ingreso más bajo que hace 30 años con un ingreso mayor.
Más allá de que me encantaría darme una vuelta por Abbey Road a ver cómo grababan la canción que titula este post (justamente en 1967), comparto la idea de que la calidad de vida hoy es mucho mejor que en esa época. O por lo menos es la idea que he logrado formarme de las historias familiares. Y no sólo por el despelote político que había en esos años, sobre todo lo digo por la diferencia en oportunidades, en capacidad de viajar, de conocer, de interconectarse, TV Cable, Internet, tecnología en alimentos, salud, etc. Y aquí viene la pregunta para los más entendidos: ¿Hay algún estudio que compare la canasta de bienes que se compraba en Chile en 1967 con la de hoy? Me parece que es vital para poder comparar la situación de la población. La sola medición del "nivel de ingreso" no es suficiente, particularmente si además esa medición se hace por la vía de los salarios y no de las otras prestaciones que se reciben y si además no se corrige por el efecto multiplicador del ingreso familiar que provoca la mujer al entrar al mundo laborar (habría que compensar con el efecto devastador que el columnista amigo de la Lilí señalaba hace un par días). Me pregunto si ese indicador existe.
Por ahora podemos entretenernos con estos que están notables por los efectos gráficos, muy didácticos, y lamentar que nuestros vecinos argentinos llevan 30 años parados prácticamente donde mismo.
miércoles, agosto 30, 2006
viernes, agosto 25, 2006
Huelga Escondida
Otra carta al Mercurio (que no creo que publiquen):
Doña Stephanie Santic (carta del jueves) cree que las pérdidas de Escondida resultantes de no producir por un mes se compensan con lo que se producirá gracias al alargamiento de la vida útil de la mina. Si su empleador le retiene su salario del próximo mes y se lo paga en 600 meses más (el número es el que usa ella), indexado con el precio del cobre, y mientras tanto financia sus gastos tomando un crédito bancario para vivir ese mes, posiblemente descubrirá, cuando pague los intereses por 600 meses, que la postergación de ganancias sí es una pérdida.
Lo increíble es que doña Stephanie firma en la edición impresa como Ingeniero Civil MBA.
Update: Nobleza obliga. Sí la publicaron.
Doña Stephanie Santic (carta del jueves) cree que las pérdidas de Escondida resultantes de no producir por un mes se compensan con lo que se producirá gracias al alargamiento de la vida útil de la mina. Si su empleador le retiene su salario del próximo mes y se lo paga en 600 meses más (el número es el que usa ella), indexado con el precio del cobre, y mientras tanto financia sus gastos tomando un crédito bancario para vivir ese mes, posiblemente descubrirá, cuando pague los intereses por 600 meses, que la postergación de ganancias sí es una pérdida.
Lo increíble es que doña Stephanie firma en la edición impresa como Ingeniero Civil MBA.
Update: Nobleza obliga. Sí la publicaron.
martes, agosto 22, 2006
Fuero paternal
La última joyita de la creatividad de nuestros diputados:
Un fuero para los trabajadores hombres que acaban de ser padres y tienen cónyuges que no ejerzan dicho derecho (o sea que no trabajan). El motivo no queda claro, y parece ser una extensión equivocada del concepto existente para la madre trabajadora (que ya era discutible).
Veamos: ¿Por qué habría que dar un fuero al trabajador o trabajadora que tiene un hijo? Se me ocurren dos interpretaciones:
1.- Que el empleador vea el embarazo con malos ojos, pues de alguna manera menoscaba el rendimiento de la trabajadora (condición más delicada, aumento de ausentismo, distracción, decaimiento, o algo en esa línea) y por ese lado pretenda sustituirla por otra persona que no esté sufriendo dichas dificultades. Esto podría ser cierto, hay trabajos en los que el estar embarazada es efectivamente un factor de disminución de la productividad. No es en todos, pero un ejemplo es el de las tripulantes de cabina de un avión que deben dejar de prestar servicios a bordo de inmediato, por lo que al menos por los 9 meses de embarazo más el post natal, tendrían una productividad cero en sus faenas habituales (un porcentaje se podría re ubicar en otras faenas, pero no todas). Es evidente que la posibilidad existe, no en todos los trabajos como ya se indicó, y que se incrementa en aquellos puestos que requieran menor capacitación, experiencia o en que el costo de cambiar al personal sea bajo.
2.- La otra posibilidad es que no haya impedimentos de ninguna especie, que la trabajadora no presente modificación en su rendimiento, y por lo tanto su puesto de trabajo no está amenzado por el embarazo, pero sí por las condiciones propias del mercado (como lo estamos todos los empleados), y que el Legislador simplemente quiere entregar un beneficio al niño y su madre garantizando su manutención por el período del embarazo y algo más (un año en Chile).
Vemos que en ambos casos un bien social (asumamos que lo es) se está financiando por la vía de subir el costo de producción de una empresa específica. Es decir un beneficio valorado por todos los chilenos lo financian los empresarios que contratan mujeres que se embaracen y los consumidores de esos bienes. Si dichos atributos se distribuyen homogéneamente a lo largo de la economía, cada industria colaboraría en la proporción que representa en la economía a pagar dicho costo. Pero si no es así, se produce la paradoja de que aquellas empresas que contratan más mujeres y con mayor sueldo pagan un mayor porcentaje de este costo social que aquellas empresas "machistas" que no colaboran con nada. (Supongamos que los consumidores compran a ambos tipos de empresas). De hecho CODELCO ("el sueldo de Chile") colaboraría poco y los colegios con muchas profesoras cargarían con un tremendo costo.
Resulta por lo tanto razonable concluir que si el Estado quiere proteger a la madre y a su niño, lo que debiera hacer es entregar un subsidio a la maternidad en la forma de un seguro de desempleo (para aquellas que pierdan el trabajo), y no obligar a una empresa específica a asumir sola el costo, pues eso no sólo implica una distorsión en la libre contratación que debiera haber en un mercado eficiente, sino que además es fuente evidente de discriminación (directa o encubierta) en contra de las mujeres en edad fértil. De esta manera aquellas madres que no disminuyen su productividad y que no pierden su empleo seguirán aportando a la sociedad el fruto de su trabajo, y aquellas que sí vieron afectadas sus posibilidades por el embarazo y en que el costo de capacitar un reemplazante es muy bajo quedarán protegidas, así como su hijo.
Cabe preguntarse si se debiera proteger en el caso de que el motivo sea de mercado, y no una merma productiva producto del embarazo (supuesto que se pudieran distinguir), cuando lo obvio es que la mujer busque otro trabajo. Al respecto, parece razonable pensar que una mujer embarazada sí tendrá más dificultades para obtener un nuevo trabajo, motivo por el cual se justificaría un apoyo especial. En efecto, quién querrá contratar a alguien para que apenas termine su período de entrenamiento presente una linda licencia por 5 meses.
¿Es aplicable este criterio a un padre trabajador? Evidentemente el primer caso no parece muy realista: la emoción de ser padre es maravillosa pero no creo que produzca un detrimento de la capacidad productiva (tal vez un poco de falta de sueño después del parto). Por otro lado, si bien puede mantener su rendimiento igual puede perder el empleo. ¿Califica eso para protección? ¿Por qué al padre "embarazado" y no a otros padres? No se vé muy claro que el hecho de que su señora esté embarazada vaya a dificultar la capacidad del marido de encontrar trabajo, por lo que no es atribuible al embarazo la necesidad del apoyo, razón por la cual no correspondería darle una protección diferente a las que ya existen (indemnización por despido y seguro de desempleo). Por último, si alguien estimara que la situación del padre esperando un hijo es diferente a la de los demás padres, se podría justificar un subsidio del estado, pero no un fuero. Y aún así, habría que explicar convincentemente por qué esa diferencia entre un padre y los demás.
Un fuero para los trabajadores hombres que acaban de ser padres y tienen cónyuges que no ejerzan dicho derecho (o sea que no trabajan). El motivo no queda claro, y parece ser una extensión equivocada del concepto existente para la madre trabajadora (que ya era discutible).
Veamos: ¿Por qué habría que dar un fuero al trabajador o trabajadora que tiene un hijo? Se me ocurren dos interpretaciones:
1.- Que el empleador vea el embarazo con malos ojos, pues de alguna manera menoscaba el rendimiento de la trabajadora (condición más delicada, aumento de ausentismo, distracción, decaimiento, o algo en esa línea) y por ese lado pretenda sustituirla por otra persona que no esté sufriendo dichas dificultades. Esto podría ser cierto, hay trabajos en los que el estar embarazada es efectivamente un factor de disminución de la productividad. No es en todos, pero un ejemplo es el de las tripulantes de cabina de un avión que deben dejar de prestar servicios a bordo de inmediato, por lo que al menos por los 9 meses de embarazo más el post natal, tendrían una productividad cero en sus faenas habituales (un porcentaje se podría re ubicar en otras faenas, pero no todas). Es evidente que la posibilidad existe, no en todos los trabajos como ya se indicó, y que se incrementa en aquellos puestos que requieran menor capacitación, experiencia o en que el costo de cambiar al personal sea bajo.
2.- La otra posibilidad es que no haya impedimentos de ninguna especie, que la trabajadora no presente modificación en su rendimiento, y por lo tanto su puesto de trabajo no está amenzado por el embarazo, pero sí por las condiciones propias del mercado (como lo estamos todos los empleados), y que el Legislador simplemente quiere entregar un beneficio al niño y su madre garantizando su manutención por el período del embarazo y algo más (un año en Chile).
Vemos que en ambos casos un bien social (asumamos que lo es) se está financiando por la vía de subir el costo de producción de una empresa específica. Es decir un beneficio valorado por todos los chilenos lo financian los empresarios que contratan mujeres que se embaracen y los consumidores de esos bienes. Si dichos atributos se distribuyen homogéneamente a lo largo de la economía, cada industria colaboraría en la proporción que representa en la economía a pagar dicho costo. Pero si no es así, se produce la paradoja de que aquellas empresas que contratan más mujeres y con mayor sueldo pagan un mayor porcentaje de este costo social que aquellas empresas "machistas" que no colaboran con nada. (Supongamos que los consumidores compran a ambos tipos de empresas). De hecho CODELCO ("el sueldo de Chile") colaboraría poco y los colegios con muchas profesoras cargarían con un tremendo costo.
Resulta por lo tanto razonable concluir que si el Estado quiere proteger a la madre y a su niño, lo que debiera hacer es entregar un subsidio a la maternidad en la forma de un seguro de desempleo (para aquellas que pierdan el trabajo), y no obligar a una empresa específica a asumir sola el costo, pues eso no sólo implica una distorsión en la libre contratación que debiera haber en un mercado eficiente, sino que además es fuente evidente de discriminación (directa o encubierta) en contra de las mujeres en edad fértil. De esta manera aquellas madres que no disminuyen su productividad y que no pierden su empleo seguirán aportando a la sociedad el fruto de su trabajo, y aquellas que sí vieron afectadas sus posibilidades por el embarazo y en que el costo de capacitar un reemplazante es muy bajo quedarán protegidas, así como su hijo.
Cabe preguntarse si se debiera proteger en el caso de que el motivo sea de mercado, y no una merma productiva producto del embarazo (supuesto que se pudieran distinguir), cuando lo obvio es que la mujer busque otro trabajo. Al respecto, parece razonable pensar que una mujer embarazada sí tendrá más dificultades para obtener un nuevo trabajo, motivo por el cual se justificaría un apoyo especial. En efecto, quién querrá contratar a alguien para que apenas termine su período de entrenamiento presente una linda licencia por 5 meses.
¿Es aplicable este criterio a un padre trabajador? Evidentemente el primer caso no parece muy realista: la emoción de ser padre es maravillosa pero no creo que produzca un detrimento de la capacidad productiva (tal vez un poco de falta de sueño después del parto). Por otro lado, si bien puede mantener su rendimiento igual puede perder el empleo. ¿Califica eso para protección? ¿Por qué al padre "embarazado" y no a otros padres? No se vé muy claro que el hecho de que su señora esté embarazada vaya a dificultar la capacidad del marido de encontrar trabajo, por lo que no es atribuible al embarazo la necesidad del apoyo, razón por la cual no correspondería darle una protección diferente a las que ya existen (indemnización por despido y seguro de desempleo). Por último, si alguien estimara que la situación del padre esperando un hijo es diferente a la de los demás padres, se podría justificar un subsidio del estado, pero no un fuero. Y aún así, habría que explicar convincentemente por qué esa diferencia entre un padre y los demás.
sábado, agosto 19, 2006
Impuesto Increíble
Acabo de enviar esta Carta al Mercurio, por si la publican:
Han pasado ya varios días de la publicación (17 de agosto) de la carta de don Javier Niklitschek en que informaba de un nuevo impuesto que le habían aplicado al querer volver desde Argentina por el paso Cardenal Samoré el pasado 15 de agosto. Y hasta la fecha ni las autoridades chilenas ni las argentinas han hecho ni un comentario sobre este nuevo gravamen. Siempre he respetado la autonomía de las naciones para fijar los impuestos que deseen o fijar sus precios, o restringir sus exportaciones: es su soberanía. Pero un impuesto para poder volver a Chile, que no había sido informado anteriormente, está al borde de un pequeño "secuestro de Estado". ¿Qué habría pasado si la familia no tiene el dinero para pagar? Si quieren cobrar por entrar a su país, es su derecho, pero aplicar al salir un impuesto que no existía al momento de ingresar, y que ni siquiera se ha informado a la contraparte chilena, es lisa y llanamente matonaje.
Update: Por supuesto, no la publicaron. "El Mercurio miente".
Han pasado ya varios días de la publicación (17 de agosto) de la carta de don Javier Niklitschek en que informaba de un nuevo impuesto que le habían aplicado al querer volver desde Argentina por el paso Cardenal Samoré el pasado 15 de agosto. Y hasta la fecha ni las autoridades chilenas ni las argentinas han hecho ni un comentario sobre este nuevo gravamen. Siempre he respetado la autonomía de las naciones para fijar los impuestos que deseen o fijar sus precios, o restringir sus exportaciones: es su soberanía. Pero un impuesto para poder volver a Chile, que no había sido informado anteriormente, está al borde de un pequeño "secuestro de Estado". ¿Qué habría pasado si la familia no tiene el dinero para pagar? Si quieren cobrar por entrar a su país, es su derecho, pero aplicar al salir un impuesto que no existía al momento de ingresar, y que ni siquiera se ha informado a la contraparte chilena, es lisa y llanamente matonaje.
Update: Por supuesto, no la publicaron. "El Mercurio miente".
jueves, agosto 17, 2006
Medidas de Seguridad?
El intento de ataque terrorista abortado en Gran Bretaña ha generado un tremendo incremento en las medidas de seguridad para los viajes en avión. Ya no sólo no se puede abordar con tijeras, cuchillos, hojas de afeitar y demás elementos que fueron prohibidos hace algunos años tras el ataque a las torres gemelas, sino que ahora no se aceptan líquidos, equipos electrónicos, etc.
Evidentemente esta reacción tiene una explicación sicológico-política: No se puede aparecer como que todo sigue igual. Pero pasada la reacción inicial uno debiera plantearse ¿tiene sentido un nivel tan elevado de medidas de seguridad?
Para comprender este tema es necesario tener presente que por alguna causa sicológica la gente parece tener más miedo a los aviones que a otras formas de transporte. Estadísticamente Levitt presenta en su libro Freakonomics un análisis que muestra que la tasa de mortalidad por pasajero-hora viajando en avión es la misma que para el auto.
Sin embargo, la gente acepta un nivel de control y chequeo para los aviones que no está dispuesto a aceptar al subir a un bus, el tren o el metro. Un ejemplo clásico de cómo la libertad se sacrifica en función de la seguridad, aún cuando el trade-off no esté tan claro. Es cierto que dicha tasa es en parte fruto de todas las medidas de seguridad que se aplican en los aeropuertos, pero también sospecho que la mayor parte de esas medidas no resultan en una disminución de accidentes aéreos, sino en otro tipo de percances (tráfico de drogas, secuestros, etc.) que en estricto rigor no son parte de la comparación que se está haciendo.
Pero la pregunta de fondo es: ¿hasta cuándo y hasta dónde? Porque si estas acciones de control de equipaje de mano fueran razonables y sin costo se estarían aplicando a todos los medios de transporte colectivo. ¿O acaso el tren y el metro están a salvo de un atentado? España dice que no. Tal vez se estima que el número de víctimas potencial es mayor en aviones con seguridad a la antigua que en trenes sin ningún tipo de control. O tal vez, como se deduce de algunas reflexiones de Posner en su último blog sobre el tema, simplemente hay más probabilidades en el avión porque Al Qaeda descubrió que causa más impacto si ataca por ese lado, aprovechando esta vulnerabilidad sicológica que he mencionado, y que incluso parece haber afectado al propio Posner, que reclama porque las medidas contra los líquidos en aviones no se habían tomado antes, y eso que desde 1995 se sabía que Al Qaeda podía usar ese tipo de métodos.
Personalmente, creo que la amenza terrorista debe enfrentarse con medidas de seguridad, pero al final no hay forma económicamente razonable de reducir el riesgo a cero, por lo que el sentido común debe seguir primando o terminaremos eliminando los viajes.
Evidentemente esta reacción tiene una explicación sicológico-política: No se puede aparecer como que todo sigue igual. Pero pasada la reacción inicial uno debiera plantearse ¿tiene sentido un nivel tan elevado de medidas de seguridad?
Para comprender este tema es necesario tener presente que por alguna causa sicológica la gente parece tener más miedo a los aviones que a otras formas de transporte. Estadísticamente Levitt presenta en su libro Freakonomics un análisis que muestra que la tasa de mortalidad por pasajero-hora viajando en avión es la misma que para el auto.
Sin embargo, la gente acepta un nivel de control y chequeo para los aviones que no está dispuesto a aceptar al subir a un bus, el tren o el metro. Un ejemplo clásico de cómo la libertad se sacrifica en función de la seguridad, aún cuando el trade-off no esté tan claro. Es cierto que dicha tasa es en parte fruto de todas las medidas de seguridad que se aplican en los aeropuertos, pero también sospecho que la mayor parte de esas medidas no resultan en una disminución de accidentes aéreos, sino en otro tipo de percances (tráfico de drogas, secuestros, etc.) que en estricto rigor no son parte de la comparación que se está haciendo.
Pero la pregunta de fondo es: ¿hasta cuándo y hasta dónde? Porque si estas acciones de control de equipaje de mano fueran razonables y sin costo se estarían aplicando a todos los medios de transporte colectivo. ¿O acaso el tren y el metro están a salvo de un atentado? España dice que no. Tal vez se estima que el número de víctimas potencial es mayor en aviones con seguridad a la antigua que en trenes sin ningún tipo de control. O tal vez, como se deduce de algunas reflexiones de Posner en su último blog sobre el tema, simplemente hay más probabilidades en el avión porque Al Qaeda descubrió que causa más impacto si ataca por ese lado, aprovechando esta vulnerabilidad sicológica que he mencionado, y que incluso parece haber afectado al propio Posner, que reclama porque las medidas contra los líquidos en aviones no se habían tomado antes, y eso que desde 1995 se sabía que Al Qaeda podía usar ese tipo de métodos.
Personalmente, creo que la amenza terrorista debe enfrentarse con medidas de seguridad, pero al final no hay forma económicamente razonable de reducir el riesgo a cero, por lo que el sentido común debe seguir primando o terminaremos eliminando los viajes.
miércoles, agosto 09, 2006
Una "odiosa" discriminación
Ahora existe una nueva causa para que aquellos que luchan contra la discriminación puedan romper lanzas. Lo lindo del caso es que esta vez se trata de una mayoría discriminada... los derechos ganamos menos que los zurdos (para graduados de college, estos ganan 15% más que nosotros los "diestros"), según un estudio publicado por Christopher S. Ruebeck, Joseph E. Harrington, Jr., Robert Moffitt del National Bureau of Economic Research.
Pero la joyita no termina ahí: sólo es para el caso de los hombres. En las mujeres no se nota la diferencia.
Los investigadores no han logrado encontrar una explicación científica y sugieren investigar mayormente el tema. A ver si alguno que esté preparando su tésis se tienta en explorar esta veta, o si alguien formula alguna explicación razonable para poder testearla.
Pero la joyita no termina ahí: sólo es para el caso de los hombres. En las mujeres no se nota la diferencia.
Los investigadores no han logrado encontrar una explicación científica y sugieren investigar mayormente el tema. A ver si alguno que esté preparando su tésis se tienta en explorar esta veta, o si alguien formula alguna explicación razonable para poder testearla.
martes, agosto 08, 2006
Comprando Goodwill
¿Sabía usted que en los últimos 2 años Venezuela ha comprado US$3.700 millones en bonos argentinos? ¿Y que eso implica casi 2/3 de los bonos emitidos por el gobierno argentino en el período?
lunes, agosto 07, 2006
Gambling
Curioso que en Chile el tema de la apertura de nuevos casinos no ha suscitado ningún tipo de comentarios. Digo que es curioso, porque en otros lados es todo un tema.
Empecemos por señalar que se trata de una actividad muchas veces criticada por "improductiva". No me voy a detener mucho en este punto pues es evidente que algo produce cuando tantas personas lo pasan tan bien jugando, y eso sin mencionar todo el interés en Chile de diversas ciudades que compiten por "tener" uno. Lo mismo ocurre con las loterías, pollas, lotos, kinos, etc. Todos juegos de azar y por lo tanto prohibidos con la excepción de aquellos expresamente autorizados, pero que tienen amplia demanda.
Es evidente que el prohibirlos tiene una gracia: generan una renta monopólica artificial que el Estado pasa a compartir, convirtiéndose en un notable impuesto que la gente paga con gusto (interesante comentario de Posner en su último post).
Sin embargo, ese monopolio se está rompiendo por culpa de Internet, pues ahora es más fácil jugar desde la casa, y eso a la larga debiera permitir acceder a Casinos más baratos (ya que pueden ofrecer juegos (apuestas) más justos). De hecho, se estima que en Estados Unidos el número de clientes de ese tipo de sitios está en torno a los 8 millones que mueven más de US$ 6.000 millones, o sea 6 puentes a Chiloé.
Un tercer motivo para prohibirlos es la amenaza de quiebra que se cierne sobre el consumidor que se vuelve adicto. Personalmente las veces que he entrado a un Casino lo he hecho pensando tal como lo hacía cuando entraba a los video juegos en mi adolescencia, esto es: el presupuesto que llevo lo voy a gastar todo, la gracia es que ojalá me dure toda la tarde. (Tal vez por eso siempre me ha ido tan mal como mi análisis racional prevé que ocurrirá: con las probabilidades en contra, pierdo). Pero me consta que la gente juega con lo que en economía se denomina una "preferencia por el riesgo" (aunque personalmente siempre he pensado que dicho concepto debiera usarse para los juegos de alta variabilidad, pero con resultado esperado positivo, mientras que en el Casino ofrece por definición, una esperanza negativa, pues tiene que financiarse). Debo aceptar entonces que es posible que un adulto decida libremente ir a regalar (al menos estadísticamente) su plata a cambio de la emoción de tener la "posibilidad" de ganar. Por otro lado, estadísticamente el riesgo de quiebra existe, aunque relativamente según un estudio de John Barron, Michael Staten, and Stephanie Wilshusen del año 2000 (citado por Posner) que mostraría que los "jugadores" representan sólo un 1,4% de las quiebras personales a nivel de todo Estados Unidos (casi 8% en los condados en que hay casino). Bastante poco como para justificar una regulación especial.
Por lo tanto sigo con mi pregunta, si la actividad no es dañina para terceros, es ejercida por adultos, y además tiene visos de perder su capacidad de recaudación en el tiempo (obviamente con 24 casinos a nivel nacional lo que queda para cada municipio será bastante menor de lo que "dejaba" cuando eran sólo 6) ¿para qué molestarse en todo este tema de "licitar" las licencias?
Empecemos por señalar que se trata de una actividad muchas veces criticada por "improductiva". No me voy a detener mucho en este punto pues es evidente que algo produce cuando tantas personas lo pasan tan bien jugando, y eso sin mencionar todo el interés en Chile de diversas ciudades que compiten por "tener" uno. Lo mismo ocurre con las loterías, pollas, lotos, kinos, etc. Todos juegos de azar y por lo tanto prohibidos con la excepción de aquellos expresamente autorizados, pero que tienen amplia demanda.
Es evidente que el prohibirlos tiene una gracia: generan una renta monopólica artificial que el Estado pasa a compartir, convirtiéndose en un notable impuesto que la gente paga con gusto (interesante comentario de Posner en su último post).
Sin embargo, ese monopolio se está rompiendo por culpa de Internet, pues ahora es más fácil jugar desde la casa, y eso a la larga debiera permitir acceder a Casinos más baratos (ya que pueden ofrecer juegos (apuestas) más justos). De hecho, se estima que en Estados Unidos el número de clientes de ese tipo de sitios está en torno a los 8 millones que mueven más de US$ 6.000 millones, o sea 6 puentes a Chiloé.
Un tercer motivo para prohibirlos es la amenaza de quiebra que se cierne sobre el consumidor que se vuelve adicto. Personalmente las veces que he entrado a un Casino lo he hecho pensando tal como lo hacía cuando entraba a los video juegos en mi adolescencia, esto es: el presupuesto que llevo lo voy a gastar todo, la gracia es que ojalá me dure toda la tarde. (Tal vez por eso siempre me ha ido tan mal como mi análisis racional prevé que ocurrirá: con las probabilidades en contra, pierdo). Pero me consta que la gente juega con lo que en economía se denomina una "preferencia por el riesgo" (aunque personalmente siempre he pensado que dicho concepto debiera usarse para los juegos de alta variabilidad, pero con resultado esperado positivo, mientras que en el Casino ofrece por definición, una esperanza negativa, pues tiene que financiarse). Debo aceptar entonces que es posible que un adulto decida libremente ir a regalar (al menos estadísticamente) su plata a cambio de la emoción de tener la "posibilidad" de ganar. Por otro lado, estadísticamente el riesgo de quiebra existe, aunque relativamente según un estudio de John Barron, Michael Staten, and Stephanie Wilshusen del año 2000 (citado por Posner) que mostraría que los "jugadores" representan sólo un 1,4% de las quiebras personales a nivel de todo Estados Unidos (casi 8% en los condados en que hay casino). Bastante poco como para justificar una regulación especial.
Por lo tanto sigo con mi pregunta, si la actividad no es dañina para terceros, es ejercida por adultos, y además tiene visos de perder su capacidad de recaudación en el tiempo (obviamente con 24 casinos a nivel nacional lo que queda para cada municipio será bastante menor de lo que "dejaba" cuando eran sólo 6) ¿para qué molestarse en todo este tema de "licitar" las licencias?
Castigos Colectivos
La verdad es que resulta horrible ver la situación que se vive actualmente en Medio Oriente, entre Israel, Hezbolá (o Hizbolá como han empezado a decirle), y los demás países vecinos. No tengo muchos conocimientos del tema por lo que no me atrevo a opinar como no sea para recordar que la única vez en la historia en que estos pueblos han logrado convivir fue durante la "Pax Romana", que como se sabe se impuso a punta de "pilum". Eso me hace pensar que no hay otra salida que una intervención externa (U.N.?) decidida, esto es, con intenciones de imponer la paz a todos los bandos, y no sólo de entrar a "mediar".
No obstante, para volver a temás menos dramáticos, la acción de Israel de intervenir en lo que muchos consideran como un "castigo" al Líbano por no haber podido o querido controlar a Hezbolá,se puede analizar desde el punto de vista de los "castigos colectivos", tema muy interesante que Posner y Becker analizan en sus últimas columnas (aquí y aquí).
En Chile, tenemos un ejemplo concreto de este tema en la nueva ley de subcontratación, que aparte de controlar (impedir) la subcontratación en muchas de las formas en que actualmente existen, propende a castigar a una empresa por la falta que comenta, no uno de sus empleados, sino uno de sus proveedores de servicios (subcontratistas). Uno podrá estar en más acuerdo o desacuerdo con la legislación, pero creo que los textos que menciono resultan muy interesantes para poner en perspectiva una legislación compleja, que a mí modo de ver tiene más que ver con un reconocimiento de la incapacidad de fiscalizar, unido a la decisión política de no renunciar a ello. En otras palabras, en lugar de confiar en el mercado y en el poder de los propios agentes negociando entre sí, la nueva legislación busca sancionar a todos (obligando a las empresas a fiscalizar a otras empresas, cosa que resulta bastante curiosa) por las faltas de uno o de unos pocos y de esa manera controlar las relaciones entre empresas y trabajadores (y de empresas entre sí).
No obstante, para volver a temás menos dramáticos, la acción de Israel de intervenir en lo que muchos consideran como un "castigo" al Líbano por no haber podido o querido controlar a Hezbolá,se puede analizar desde el punto de vista de los "castigos colectivos", tema muy interesante que Posner y Becker analizan en sus últimas columnas (aquí y aquí).
En Chile, tenemos un ejemplo concreto de este tema en la nueva ley de subcontratación, que aparte de controlar (impedir) la subcontratación en muchas de las formas en que actualmente existen, propende a castigar a una empresa por la falta que comenta, no uno de sus empleados, sino uno de sus proveedores de servicios (subcontratistas). Uno podrá estar en más acuerdo o desacuerdo con la legislación, pero creo que los textos que menciono resultan muy interesantes para poner en perspectiva una legislación compleja, que a mí modo de ver tiene más que ver con un reconocimiento de la incapacidad de fiscalizar, unido a la decisión política de no renunciar a ello. En otras palabras, en lugar de confiar en el mercado y en el poder de los propios agentes negociando entre sí, la nueva legislación busca sancionar a todos (obligando a las empresas a fiscalizar a otras empresas, cosa que resulta bastante curiosa) por las faltas de uno o de unos pocos y de esa manera controlar las relaciones entre empresas y trabajadores (y de empresas entre sí).
martes, agosto 01, 2006
Cómo vivir gratis
En un interesante artículo del NY Times de LOUIS UCHITELLE and DAVID LEONHARDT presentan una interesante perspectiva de lo que pasa con un creciente grupo de trabajadores en los Estados Unidos, que simplemente renuncian a emplearse porque en general las ofertas de trabajo que encuentran ofrecen sueldos muy bajos.
Evidentemente, si uno tiene un alto nivel de utilidad asociado a sus tiempos de ocio resulta lógico que sólo sacrifique esos momentos a cambio de una compensación adecuada. Pero la pregunta es ¿y de qué viven mientras tanto? La respuesta es en muchos casos el sueldo de sus parejas y en otros casos la hipoteca de la casa. Pero
the fastest growing source of help is a patchwork system of government support, the main one being federal disability insurance, which is financed by Social Security payroll taxes. The disability stipends range up to $1,000 a month and, after the first two years, Medicare kicks in, giving access to health insurance that for many missing men no longer comes with the low-wage jobs available to them.
Me pregunto cuándo tendremos un análisis sobre el tema de las licencias médicas asociadas a beneficios de ingreso en Chile. Evidentemente, si a uno lo van a despedir, lo mejor es rápidamente entrar en "stress" mientras paliamos la situación.
Tanto en un caso como en otro, el problema es que se genera un espiral en que el más honesto siempre es el tonto que paga: como algunos lo hacen, nos sube el costo a todos; como igual me subieron el costo, empiezo a hacerlo (total, todos lo hacen). Es importante empezar por crear una cultura de "no aprovechamiento" que castigue socialmente este tipo de "free rides", que de "free" no tienen nada.
Evidentemente, si uno tiene un alto nivel de utilidad asociado a sus tiempos de ocio resulta lógico que sólo sacrifique esos momentos a cambio de una compensación adecuada. Pero la pregunta es ¿y de qué viven mientras tanto? La respuesta es en muchos casos el sueldo de sus parejas y en otros casos la hipoteca de la casa. Pero
the fastest growing source of help is a patchwork system of government support, the main one being federal disability insurance, which is financed by Social Security payroll taxes. The disability stipends range up to $1,000 a month and, after the first two years, Medicare kicks in, giving access to health insurance that for many missing men no longer comes with the low-wage jobs available to them.
Me pregunto cuándo tendremos un análisis sobre el tema de las licencias médicas asociadas a beneficios de ingreso en Chile. Evidentemente, si a uno lo van a despedir, lo mejor es rápidamente entrar en "stress" mientras paliamos la situación.
Tanto en un caso como en otro, el problema es que se genera un espiral en que el más honesto siempre es el tonto que paga: como algunos lo hacen, nos sube el costo a todos; como igual me subieron el costo, empiezo a hacerlo (total, todos lo hacen). Es importante empezar por crear una cultura de "no aprovechamiento" que castigue socialmente este tipo de "free rides", que de "free" no tienen nada.
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