Curioso que en Chile el tema de la apertura de nuevos casinos no ha suscitado ningún tipo de comentarios. Digo que es curioso, porque en otros lados es todo un tema.
Empecemos por señalar que se trata de una actividad muchas veces criticada por "improductiva". No me voy a detener mucho en este punto pues es evidente que algo produce cuando tantas personas lo pasan tan bien jugando, y eso sin mencionar todo el interés en Chile de diversas ciudades que compiten por "tener" uno. Lo mismo ocurre con las loterías, pollas, lotos, kinos, etc. Todos juegos de azar y por lo tanto prohibidos con la excepción de aquellos expresamente autorizados, pero que tienen amplia demanda.
Es evidente que el prohibirlos tiene una gracia: generan una renta monopólica artificial que el Estado pasa a compartir, convirtiéndose en un notable impuesto que la gente paga con gusto (interesante comentario de Posner en su último post).
Sin embargo, ese monopolio se está rompiendo por culpa de Internet, pues ahora es más fácil jugar desde la casa, y eso a la larga debiera permitir acceder a Casinos más baratos (ya que pueden ofrecer juegos (apuestas) más justos). De hecho, se estima que en Estados Unidos el número de clientes de ese tipo de sitios está en torno a los 8 millones que mueven más de US$ 6.000 millones, o sea 6 puentes a Chiloé.
Un tercer motivo para prohibirlos es la amenaza de quiebra que se cierne sobre el consumidor que se vuelve adicto. Personalmente las veces que he entrado a un Casino lo he hecho pensando tal como lo hacía cuando entraba a los video juegos en mi adolescencia, esto es: el presupuesto que llevo lo voy a gastar todo, la gracia es que ojalá me dure toda la tarde. (Tal vez por eso siempre me ha ido tan mal como mi análisis racional prevé que ocurrirá: con las probabilidades en contra, pierdo). Pero me consta que la gente juega con lo que en economía se denomina una "preferencia por el riesgo" (aunque personalmente siempre he pensado que dicho concepto debiera usarse para los juegos de alta variabilidad, pero con resultado esperado positivo, mientras que en el Casino ofrece por definición, una esperanza negativa, pues tiene que financiarse). Debo aceptar entonces que es posible que un adulto decida libremente ir a regalar (al menos estadísticamente) su plata a cambio de la emoción de tener la "posibilidad" de ganar. Por otro lado, estadísticamente el riesgo de quiebra existe, aunque relativamente según un estudio de John Barron, Michael Staten, and Stephanie Wilshusen del año 2000 (citado por Posner) que mostraría que los "jugadores" representan sólo un 1,4% de las quiebras personales a nivel de todo Estados Unidos (casi 8% en los condados en que hay casino). Bastante poco como para justificar una regulación especial.
Por lo tanto sigo con mi pregunta, si la actividad no es dañina para terceros, es ejercida por adultos, y además tiene visos de perder su capacidad de recaudación en el tiempo (obviamente con 24 casinos a nivel nacional lo que queda para cada municipio será bastante menor de lo que "dejaba" cuando eran sólo 6) ¿para qué molestarse en todo este tema de "licitar" las licencias?
lunes, agosto 07, 2006
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario